jueves, 24 de noviembre de 2011

A mis seres queridos


De mis memorias recojo mis alegrías, de mis memorias, la nostalgia.
Toda la vida es  recuerdo, donde el miedo, el amor, la búsqueda, el dolor y la felicidad son parte de ella, crece todo ese bagaje de situaciones y sentimientos y aceptamos su realidad después de haber reído y haber llorado... siempre después, siempre a destiempo.
Después de haber llorado, comprendemos que cada día maduramos un poquito a la fuerza, no es que la vida nos haga a los azotes, simplemente tropezamos con tantos escollos, tantas presiones e injusticias, que si esperamos que alguien corra para salvarnos o apaciguarnos, el tiempo puede ser tan tirano, que él mismo pueda derribarte y no tener entonces la fuerza suficiente para levantarte. Entonces si, maduramos, bien o mal, esa es una regla de la cual cada ser humano no escapa a su excepción.
Luego lo vemos deambular por el mundo, cada uno con su propia cruz, su pasado, su rutina su alegría o desdicha. Pasamos, todos pasamos, pero tiene tanta miseria y egoísmo el hombre  que ni siquiera comprende el valor de su especie, mucho menos sabe de sus emociones y sentimientos. ¿Por qué? ¿Por qué somos tan capaces, tan inteligentes y alocados al ritmo de la vida, que no somos dueños de sentirla y vivirla minuto a minuto? Porque somos tan desarrollados y hacemos uso de nuestra razón, estamos donde estamos, somos todo pulmón, marchamos a toda prisa, una máquina sin parar, eso somos, pero... ¿ no es hermoso de vez en cuando buscar allí dentro algún sueño, sentir como se desploma el corazón por un beso, cautivarnos de la ternura de los niños?¿ O detenerse, ante la belleza de un paisaje por el cual hemos pasado mil veces sin advertirlo?
 ¿ No sería hermoso que empezáramos a amarnos más y a respetarnos más?
¡Sería hermoso! Y Seríamos los señores de la felicidad!
Somos capaces si, cuando amamos, amamos sin reservas, pero por cuánto tiempo amamos?
 Después... ¿qué queda después? El vacío? un abismo entre ese sentimiento y el dolor que nos cuesta tanto atravesar las barreras nuevamente? ¿ Es el rencor o el temor a ser reincidentes al dolor?. O tal vez hemos fracasado tanto en el terreno del amor que enfrentarse a él, es presentarse otra vez ante una situación que nos dejó lágrimas en los ojos y en el corazón, solo desencanto?
Tal vez por eso es arduo volver a empezar.
Amemos sin medidas, el tiempo cura todas las lesiones, el amor es la base y el cimiento de nuestra humanidad, ¡Amemos!  Así tendremos una generación cada vez más cercana a la vida, porque el amor es vida…”y aunque la tierra donde se arraigue, sea salada, que el universo de tu mundo encuentre un sitio de mares de pequeñas flores saladas al asilo de horizontes donde la magia de cariño reconozca el derecho de albergar el alma con amor”.
Yo estaré no sé dónde, venerando estrellas, esas que nos orientan, sin resentimientos, enfrentándome cada mañana, a las mismas dificultades y los mismos fantasmas, pero con un corazón dispuesto a intentar la felicidad, siempre, las veces que fuera necesario!



Norma Saleski.-
(Del Libro:"Una Gesta Familiar")

sábado, 12 de noviembre de 2011

"CAMILA"

¡Regálame tu sonrisa
muéstrame tu cara
dame tu inocencia,
antes de iniciar la mañana
que quiero guardarte niña
en el regazo de mi alma!

sábado, 10 de septiembre de 2011

Impresiones de la vida

Indago los astros
que rozan mi piel.
El sueño es breve,
temporales los momentos
y en la proximidad de la noche
las razones me sostienen.

Quisiera en la armonía
lógica del amor
mitigar sus males.

El día culmina
se refugia el universo
a las sombras y decepciones…
a  pesar de las virtudes o desafíos,
naufragios y sabidurías,
cristales rotos,
impresiones de la vida.

Eclipse y mar

Invierno,
disimil y extraño.

Esposada a tu ventana
turbia y fugaz la luna
como un temporal
a punto de estallar.
El alma está inquieta
no puedo quererte más
el silencio se diluye
y tu piel me esclaviza.

En tus brazos soy
eplipse y mar.

lunes, 18 de julio de 2011

Fragmentos del libro:"Una Gesta Familiar"

No sé si habrá en la Tierra, naturaleza tan extraña que exprese tan en silencio su belleza, como la Patagonia.
Mientras ellos, callados se desplazaron libremente por las rústicas huellas, ni siquiera las sombras proyectaban sus siluetas por temor a romper esa simetría extraña que dibuja el desierto.
Los salvajes vientos golpeaban en medio de tanta quietud, castigando a las mesetas, como queriendo arrasar a los fantasmas de esos perfiles dormidos.
La inmensidad se pierde tras el horizonte y no se encuentra, en esos rumbos, a nadie, dispuesto al diálogo. La Patagonia es aún hoy -eso, una extensión enorme con unas pocas almas calladas, sumergidas en el letargo de los tiempos, como queriendo así mantener intacta la simpleza, la virginal inocencia de su suelo desnudo.
En aquella época no se podía intuir el progreso. La población y lo que precariamente se podía llamar civilización era escasa, solo un grupo de colonos galeses, algunos españoles y aborígenes, edificaban sus sueños en el Valle inferior del Río Chubut, con esperanzas, aún entre ellos, eran hondos los silencios.
A veces el suelo estéril abre sus infinitas bocas y deja penetrar la lluvia en su interior. Un olor a tierra mojada se huele a centenares de kilómetros y los matorrales espinosos, beben juiciosamente, sorbo a sorbo la bienhechora humedad, sin exceder los límites, como para no romper la composición de colores propios del lugar.
La Patagonia es esa sinfonía, en las tardes, el colorido de los roquedales padecen expuestos al sol y aún así conservan su magia, esa del desierto, la que hace jugar a los remolinos para cubrir de polvo a los viajeros como queriendo disfrazarlos de piedras y soledad.
En los extremos del día y la noche los espejismos se combinan, se agigantan las distancias y los pedregales  desbastados se impregnan de una película opaca, como los ojos desorientados de Ivarnes y Antonina.
La luz se aferra a la solidez de los gigantes, los crepúsculos mueren lentamente, suspirando apenas, como para no ahuyentar a los espectros, internándose pausadamente bajo el tallo de la noche.
La fuerza del vendaval se ordena en ciclos, pero la intensidad de su espíritu inquieto es constante, lleva en su corriente una emoción sustentada en el álgebra secreta del universo y la geometría que describen frente a los ojos de los viajeros está plagada de polvo, como un magnetismo ejercido desde el centro del cosmos…y ellos sienten que no pueden huir de él.
La Patagonia los recibe como a todos, son sus leyes las que rigen su conducta y describen por sí solas la gloria de su encanto, puro, perfecto, incólume, aunque los haya hostigado durante todo el viaje.

Norma.-17/07/11.-

lunes, 13 de junio de 2011

"Misterios"

Ariscas
las mariposas
cruzan el misterio de los parques
y en el silencio
arrebatan
desaciertos dormidos.

La pasión se instala
y la soledad rescata
fallas de mi corazón,
ahí vuelvo a pedir perdón
y me aferro al amor.

"Latidos de Soledad"

Con los pies prisioneros de las sombras
esclavo de las noches
en los latidos de un otoño gris,
huye la inocencia vestida de harapos.

El cielo se deshoja
ante la mirada pétrea
de niños que se van
explorando en la aurora
secretos de amor
que puedan redimirlos del desamparo.

Soñadores...
de universos apretados
y alondras ariscas en las manos,
son un bajel herido
intentando zarpar de la escacez.

Con frecuencia los golpea el viento
y a veces los mima la ternura.
Son arillos de entretiempo
latiendo en la soledad
que los persigue indiferente.
¡Baya crueldad!


Norma Saleski.-